Accidente cerebrovascular isquémico

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Accidente cerebrovascular isquémico

Sistema nervioso y sentidos especiales

Efectos adversos de los fármacos en el sistema nervioso

Disfunción cerebral global

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Hay dos tipos principales de accidente cerebrovascular: isquémico, que es cuando hay una arteria obstruida que reduce el flujo de sangre al cerebro, y un hemorrágico, que es cuando se rompe una arteria del cerebro y se produce una acumulación de sangre que daña el cerebro.

De los dos, los accidentes cerebrovasculares isquémicos son mucho más frecuentes, y la cantidad de daño que causan está relacionada con las partes del cerebro que se ven afectadas y el tiempo que el cerebro sufre la reducción del flujo sanguíneo.

Ahora bien, si los síntomas se resuelven por sí solos en 24 horas, se denomina ataque isquémico transitorio y los problemas a largo plazo suelen ser mínimos.

Vamos a revisar la anatomía básica del encéfalo.

El encéfalo tiene varias regiones: la más evidente es el cerebro, que se divide en dos hemisferios cerebrales, cada uno de los cuales tiene una corteza (una región externa) dividida en cuatro lóbulos que son el frontal, el parietal, el temporal y el occipital.

También hay otras estructuras, como el cerebelo, que está debajo, y el tronco del encéfalo, que se une con la médula espinal.

El cerebro derecho controla los músculos del lado izquierdo del cuerpo y viceversa.

El lóbulo frontal controla el movimiento y la función ejecutiva, que es la capacidad para tomar decisiones.

El lóbulo parietal procesa la información sensitiva, que permite localizar con exactitud dónde estamos físicamente y guía los movimientos en un espacio tridimensional.

El lóbulo temporal interviene en la audición, el olfato y la memoria, así como en el reconocimiento visual de caras y en el lenguaje.

Por último, el lóbulo occipital es el principal responsable de la visión.

El cerebelo ayuda a la coordinación muscular y al equilibrio.

Y, por último, el tronco del encéfalo desempeña una función vital en actividades como la frecuencia cardíaca, la presión arterial, la respiración, la función gastrointestinal y la conciencia.

El cerebro recibe sangre de las arterias carótidas internas izquierda y derecha, así como de las arterias vertebrales izquierda y derecha, que se unen para formar la arteria basilar.

Las arterias carótidas internas desembocan en las arterias cerebrales medias izquierda y derecha que irrigan las porciones laterales de los lóbulos frontal, parietal y temporal del cerebro.

Cada arteria carótida interna emite también ramas denominadas arterias cerebrales anteriores que irrigan la porción medial de los lóbulos frontal y parietal y se conectan entre sí con un vaso sanguíneo pequeño y corto de conexión denominado arteria comunicante anterior.

Las arterias vertebrales y la arteria basilar se ramifican para irrigar el cerebelo y el tronco del encéfalo.

Además, la arteria basilar se divide para convertirse en las arterias cerebrales posteriores derecha e izquierda, que irrigan principalmente el lóbulo occipital, parte del lóbulo temporal y el tálamo.

Por último, cada una de las arterias carótidas internas emite una rama llamada arteria comunicante posterior que se une a las arterias posteriores de cada lado.

Juntas, las arterias principales y las arterias comunicantes forman el llamado polígono de Willis, un anillo por el que la sangre puede circular de un lado a otro en caso de obstrucción.

El polígono de Willis ofrece vías alternativas para que la sangre rodee un vaso obstruido.

En general, el cerebro puede arreglárselas con una disminución del flujo sanguíneo, sobre todo si se produce de forma gradual, ya que da tiempo a que se desarrolle una circulación colateral, es decir, que un vaso cercano empiece a enviar ramas de vasos sanguíneos para irrigar una zona que lo necesita.

Pero una vez que el riego sanguíneo disminuye por debajo de las necesidades del tejido, se produce un daño tisular que se denomina accidente cerebrovascular isquémico.

Un accidente cerebrovascular isquémico puede producirse de dos formas diferentes.

Uno de los mecanismos es la disfunción de las células endoteliales, que se produce cuando algo irrita o inflama el revestimiento interior resbaladizo de la arteria: la túnica íntima.

Un irritante clásico son las toxinas del tabaco, que flotan en la sangre y dañan el endotelio.

Ese daño se convierte en un lugar para la ateroesclerosis, que es donde se forma una placa.

Se forma una acumulación de grasa, colesterol, proteínas, calcio y células inmunitarias que empieza a obstruir el flujo sanguíneo arterial.

Esta placa tiene dos partes, el interior blando con textura de queso y la cáscara exterior dura que se llama tapa fibrosa.

Las bifurcaciones de las arterias y, en particular, las arterias carótida interna y cerebral media son los puntos más habituales de la ateroesclerosis.

Sin embargo, por lo general, la placa tarda años en acumularse, y esta obstrucción lenta solo bloquea parcialmente las arterias, por lo que, aunque llega menos sangre al tejido cerebral, sigue habiendo algo de sangre.

Los accidentes cerebrovasculares ocurren cuando se produce una obstrucción repentina y completa o casi completa de una arteria.

Las placas se sitúan en el lumen del vaso sanguíneo, por lo que están sometidas constantemente a las fuerzas mecánicas del flujo sanguíneo y, curiosamente, las placas más pequeñas suelen ser las más peligrosas.

Sus tapones fibrosos son más blandos que los de mayor tamaño y son propensos a desprenderse.

Una vez que esto ocurre, el relleno interno parecido al queso queda expuesto a la sangre y es trombogénico, lo que significa que tiende a formar coágulos muy deprisa.

Las plaquetas se adhieren al material caseoso expuesto y liberan sustancias químicas que potecian el proceso de coagulación.

Una arteria puede bloquearse totalmente en un minuto.

Otro mecanismo por el que se produce un accidente cerebrovascular isquémico es una embolia.

Normalmente, un accidente cerebrovascular embólico se produce cuando un coágulo de sangre se desprende de un lugar, viaja por la sangre y se aloja en una arteria en sentido descendente, normalmente una arteria, arteriola o capilar de menor diámetro.

Estos coágulos suelen surgir producirse debido a la ateroesclerosis, pero también pueden formarse en el corazón.

Por ejemplo, la sangre estancada puede formar un coágulo, y la sangre puede estancarse debido a una fibrilación auricular o después de un infarto de miocardio.

Si un coágulo se forma en la aurícula izquierda, pasa al ventrículo izquierdo y desde allí tiene un camino directo al cerebro.

Por otro lado, si un coágulo se forma en las venas de baja presión o en la aurícula derecha, pasa al ventrículo derecho y se aloja en los capilares pulmonares, sin poder llegar al cerebro.

Fuentes

  1. "Robbins Basic Pathology" Elsevier (2017)
  2. "Harrison's Principles of Internal Medicine, Twentieth Edition (Vol.1 & Vol.2)" McGraw-Hill Education / Medical (2018)
  3. "Pathophysiology of Disease: An Introduction to Clinical Medicine 8E" McGraw-Hill Education / Medical (2018)
  4. "CURRENT Medical Diagnosis and Treatment 2020" McGraw-Hill Education / Medical (2019)
  5. "Stroke" The Lancet (2008)
  6. "Spontaneous intracerebral haemorrhage" BMJ (2009)