Desarrollo del aparato reproductor

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El desarrollo del aparato reproductor transcurre por una serie de acontecimientos por los que pasa un embrión para diferenciarse sexualmente en un hombre o una mujer en lo que respecta a las gónadas, los conductos genitales y los genitales externos.

El proceso comienza en el momento de la concepción, cuando los gametos, el espermatozoide y el ovocito, se fusionan en una única célula que tiene cromosomas sexuales XX en la mujer o XY en el hombre, estableciendo el sexo genético del embrión.

Durante las primeras 5 semanas de desarrollo, el desarrollo sexual es básicamente idéntico para ambos sexos.

En ese momento, el embrión está formado por tres capas germinales primitivas: el ectodermo, el mesodermo y el endodermo.

El mesodermo también tiene tres partes: el mesodermo paraaxial, que flanquea la futura columna vertebral del embrión, el mesodermo intermedio, que está justo al lado de este, y el mesodermo de la placa lateral, que es el más lateral de todos.

El mesodermo intermedio de ambos lados del embrión se condensa en dos estructuras cilíndricas llamadas crestas urogenitales.

Cada cresta urogenital corre paralela a la futura columna vertebral del embrión y se organiza en un cilindro de mesodermo llamado cordón nefrogénico.

La mayor parte del cordón nefrogénico pasa a formar las estructuras urinarias, pero una franja del mismo en el centro da lugar a las gónadas en ambos sexos.

Esta porción que da lugar a las gónadas se denomina cresta genital o, a veces, gonadal.

La cresta genital tiene un núcleo de mesodermo y está cubierta de epitelio.

El desarrollo de las gónadas, curiosamente, comienza en un tejido externo al embrión llamado saco vitelino, que está revestido de células de endodermo y se conecta al embrión a través del conducto vitelino.

Al principio del desarrollo, algunas células del endodermo de la pared del saco vitelino se diferencian en células germinales primordiales, y comienzan a migrar (a moverse físicamente) a lo largo del conducto vitelino, al tubo digestivo primitivo y, finalmente, al mesenterio dorsal (una lámina de tejido que ancla el tubo digestivo a la pared posterior del cuerpo).

A partir de ahí, las células germinales primordiales migran por el mesenterio dorsal hasta llegar a la cresta genital, a la que llegan alrededor de la sexta semana.

Las células germinales primordiales se asientan en el epitelio y envían señales químicas a las células de la cresta genital, lo que hace que se autoorganicen en una gónada indiferenciada, que puede convertirse en testículos u ovarios.

La capa epitelial de la gónada forma entonces los cordones sexuales primitivos, que son proyecciones epiteliales que penetran hacia el interior, en la capa del mesodermo de la gónada.

Alrededor de la séptima semana, los cromosomas sexuales comienzan a expresar los genes que determinan la diferenciación gonadal.

En el hombre, los genes de la región determinante del sexo del cromosoma Y (o SRY, para abreviar) codifican una proteína denominada factor determinante de los testículos, que inicia el desarrollo de estos.

Los cordones sexuales primitivos maduran y se convierten en cordones medulares, que se alargan y transportan las células germinales primitivas hacia el interior del mesodermo.

La capa epitelial superficial de cada gónada se adelgaza para convertirse en la túnica albugínea.

Más adelante, los cordones medulares se convierten en tres estructuras ductales dentro de los testículos: los túbulos seminíferos, los túbulos rectos y la red testicular.

De las tres, las células germinales primordiales se asientan en los túbulos seminíferos, y es allí donde maduran hasta convertirse en espermatogonias y permanecen inactivas durante varios años.

Durante la pubertad, las espermatogonias se despiertan y comienzan a dividirse una y otra vez para dar lugar a los espermatozoides, los gametos masculinos.

Durante la octava semana, algunas células de la pared de los túbulos seminíferos se diferencian en células de Sertoli.

Las células de Sertoli rodean las células germinales primordiales y segregan la hormona antimulleriana.

Además, las células situadas entre los túbulos seminíferos se diferencian en células de Leydig y segregan testosterona.

La hormona antimulleriana y la testosterona masculinizan el resto del aparato reproductor masculino.

En una mujer, como no hay un cromosoma Y que segregue el factor determinante de los testículos, las gónadas indiferenciadas se convierten en ovarios.

En este caso, los cordones sexuales primitivos también se extienden hacia el centro de la gónada, pero degeneran poco después.

El epitelio superficial prolifera de nuevo y forma un segundo conjunto de proyecciones llamadas cordones corticales.

Los cordones corticales se reorganizan para formar nidos de células foliculares que rodean las células germinales primordiales.

Una célula germinal primordial y su anillo de células foliculares constituyen un folículo ovárico primordial, y en su interior, la célula germinal primordial se diferencia en un ovocito inmaduro durante la vida fetal.

Los ovocitos inmaduros se detienen en la primera profase de la meiosis 1 hasta la pubertad, momento en el que se convierten en ovocitos secundarios, los gametos femeninos.

El resto del aparato reproductor adquiere características femeninas en ausencia de testosterona.

La diferenciación de las gónadas conduce a la diferenciación fenotípica de los conductos genitales y los genitales externos.

Los conductos genitales son estructuras tubulares inicialmente indiferenciadas que descienden por la espalda del embrión dentro de los dos cordones nefrogénicos situados a ambos lados de este.

El primero es el conducto mesonéfrico, o de Wolff, que da lugar al sistema de conductos reproductores masculinos.

El segundo es el conducto paramesonéfrico, o de Muller, que es lateral al conducto mesonéfrico y da lugar al sistema de conductos reproductores femeninos.

Estos conductos se inician en la región torácica y lumbar superior, y continúan bajando por la espalda del embrión, hasta que se abren en una parte de la cloaca llamada seno urogenital, que da lugar a las estructuras del tracto urinario y a los genitales externos de ambos sexos.

En los hombres, el factor inhibidor mulleriano hace que los conductos paramesonéfricos (o mullerianos) degeneren en dos cuerpos vestigiales llamados apéndice testicular.

Aspectos destacados

en inglés

The early stage of both male and female reproductive system development are indifferent because it's impossible to distinguish between the male and female gonads at that time. It is until week seven that the primitive structures start to differentiate into female or male sex organs based on the present sex chromosomes. After the ovaries or testicles develop, further differentiation of the reproductive tract occurs, giving rise to corresponding male or female sex organs. Ovaries and the testis are initially developed in the abdomen and descend later during pregnancy to reach their final location in the pelvic cavity and the scrotum.

Fuentes

  1. "Medical Physiology" Elsevier (2016)
  2. "Physiology" Elsevier (2017)
  3. "Human Anatomy & Physiology" Pearson (2018)
  4. "Principles of Anatomy and Physiology" Wiley (2014)
  5. "Changes in Gene Expression during Wolffian Duct Development" Hormone Research in Paediatrics (2006)
  6. "Development of the genital ducts and external genitalia in the early human embryo" Journal of Obstetrics and Gynaecology Research (2010)
  7. "Expression of anti-Müllerian hormone (AMH) in the equine testis" Theriogenology (2008)