Antidepresivos atípicos

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Los antidepresivos atípicos se utilizan principalmente para tratar el trastorno depresivo mayor.

Este trastorno provoca una sensación persistente de tristeza y pérdida de interés por las actividades cotidianas.

Aunque todavía se desconoce la causa exacta de la depresión, hay algunas pruebas que sugieren que está relacionada con niveles bajos de neurotransmisores como la serotonina, la norepinefrina y la dopamina.

Los antidepresivos típicos, como los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina o los antidepresivos tricíclicos, actúan aumentando los niveles de serotonina y norepinefrina, mientras que los antidepresivos atípicos suelen tener diversos mecanismos de acción.

Dentro del cerebro hay muchos tipos diferentes de neuronas, pero vamos a centrarnos sólo en tres: las neuronas serotonérgicas, que producen serotonina; las neuronas noradrenérgicas, que producen norepinefrina; y las neuronas dopaminérgicas, que producen dopamina.

Cada una de estas neuronas sintetiza y almacena sus neurotransmisores en pequeñas vesículas.

Cuando un potencial de acción alcanza la membrana presináptica, estas vesículas se fusionan con la membrana, liberando neurotransmisores en la hendidura sináptica.

Una vez liberada, la serotonina (o 5-HT) se une a los receptores 5-HT2 de la membrana postsináptica, con lo cual aumenta la estimulación neuronal y regula el estado de ánimo, la alimentación y el comportamiento reproductivo.

Por otro lado, la norepinefrina se une a los receptores de norepinefrina en la membrana postsináptica, potenciando el estado de alerta.

Por último, la dopamina se une a los receptores de dopamina, estimulando así las funciones cognitivas, la motivación y el despertar.

Mientras haya una concentración suficiente de neurotransmisores en la hendidura sináptica, las neuronas postsinápticas seguirán activándose.

Ahora bien, las neuronas serotoninérgicas tienen en su membrana presináptica transportadores de serotonina (o SERT); las neuronas noradrenérgicas tienen transportadores de norepinefrina (o NET); mientras que las neuronas dopaminérgicas tienen transportadores de dopamina (o DAT).

Estas proteínas de membrana transportan los neurotransmisores desde la hendidura sináptica hasta las neuronas presinápticas.

Esto hace que disminuya la concentración de neurotransmisores en la hendidura sináptica, lo que hace que las neuronas postsinápticas dejen de activarse.

Las neuronas noradrenérgicas y serotoninérgicas también son ricas en receptores alfa 2.

Cuando se estimulan, los receptores alfa 2 inhiben la actividad de las neuronas presinápticas y disminuyen la liberación de norepinefrina o serotonina.

En afecciones como el trastorno depresivo mayor, los antidepresivos atípicos se reservan para personas que no responden a otros antidepresivos.

Los medicamentos más usados de este grupo son la mirtazapina, la trazodona, la nefazodona, la vilazodona, la vortioxetina y el bupropión.

Empecemos con la mirtazapina.

La mirtazapina se une a varios receptores, como los alfa 2, los 5-HT2A, los 5-HT3A y los H1 de la histamina, y los inhibe.

Su principal efecto antidepresivo proviene de la inhibición de los receptores alfa 2, que inhibe a su vez la neurona presináptica y conduce a un aumento de la liberación de norepinefrina y serotonina.

Ahora bien, la mirtazapina es en realidad un antagonista de la serotonina, lo cual podría parecer contradictorio.

Hay diferentes tipos de receptores 5-HT2; la mirtazapina bloquea selectivamente los receptores 5-HT2A y 5-HT3A, por lo que puede unirse más serotonina a los receptores 5-HT1A; el receptor con mayor relación con la depresión.

La inhibición de los receptores 5-HT3A también reduce las náuseas y los vómitos.

Por último, la inhibición de los receptores H1 de la histamina conduce a la sedación, que podría ser deseable en personas deprimidas con insomnio.

Otros efectos secundarios frecuentes son la sequedad de boca, el aumento del apetito y el aumento de peso, que pueden ser útiles para las personas anoréxicas.

A continuación tenemos la trazodona y la nefazodona.

El principal efecto antidepresivo de estos medicamentos se debe a su capacidad para unirse a los receptores 5-HT2A, de modo que la serotonina se une más a los receptores 5-HT1A.

También son inhibidores débiles de los transportadores de recaptación de serotonina en la neurona presináptica, aumentando así los niveles de serotonina dentro de la hendidura sináptica.

Son fuertes inhibidores de los receptores H1 y se utilizan habitualmente para tratar el insomnio.

Por último, también son inhibidores de los receptores alfa 1, lo cual provoca hipotensión ortostática y priapismo, que es una erección prolongada e indeseada del pene.

La nefazodona puede causar daños graves en el hígado en casos raros.

A continuación tenemos la vilazodona y la vortioxetina, que son inhibidores potentes de los transportadores de la recaptación de serotonina en la neurona presináptica, al igual que los ISRS.

Sin embargo, estos medicamentos también pueden unirse directamente a los receptores 5-HT1A y estimularlos; la vilazodona es un agonista parcial, mientras que la vortioxetina es un agonista completo.

Dado que potencian el efecto de la serotonina a través de dos mecanismos distintos, pueden provocar el síndrome serotoninérgico, que es una afección potencialmente mortal causada por la acumulación de serotonina con sobreestimulación del sistema nervioso.

Este síndrome se caracteriza por enrojecimiento de la piel, hipertermia, agitación, rigidez muscular, convulsiones y coma.

Suele ocurrir en personas tratadas con una combinación de estos y otros antidepresivos que aumentan los niveles de serotonina, como los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina.

El tratamiento del síndrome de la serotonina consiste en administrar ciproheptadina, que es un antagonista de la serotonina que bloquea los receptores 5-HT2.

Estos medicamentos son anticolinérgicos y causan efectos secundarios similares a los de la atropina, como sedación, visión borrosa, hipotensión ortostática, retención urinaria y taquicardia.

La vilazodona también provoca aumento de peso, mientras que la vortioxetina causa sueños anómalos.

El último medicamento es el bupropión que, a diferencia de la mayoría de los antidepresivos, no tiene un efecto serotoninérgico.

En cambio, se une a los transportadores de la recaptación de norepinefrina y dopamina y los inhibe, lo cual aumenta los niveles de estos neurotransmisores en sus hendiduras sinápticas.

Aspectos destacados

en inglés

Atypical antidepressants are a class of antidepressant drugs that are distinguished from traditional, older antidepressant medications by their unique mechanism of action. They are generally reserved for cases that do not respond to other antidepressants. The atypical antidepressants include drugs like agomelatine, mirtazapine, and bupropion.

Atypical antidepressants are generally better tolerated than older drugs, and they are often just as effective. They are not without their side effects, however. The most common side effects of atypical antidepressants include nausea, headaches, anxiety, insomnia, and sexual dysfunction.

Fuentes

  1. "Katzung & Trevor's Pharmacology Examination and Board Review,12th Edition" McGraw-Hill Education / Medical (2018)
  2. "Rang and Dale's Pharmacology" Elsevier (2019)
  3. "Goodman and Gilman's The Pharmacological Basis of Therapeutics, 13th Edition" McGraw-Hill Education / Medical (2017)
  4. "Clinical guidance for the use of trazodone in major depressive disorder and concomitant conditions: pharmacology and clinical practice" Rivista di Psichiatria (2019)
  5. "A review of trazodone use in psychiatric and medical conditions" Postgraduate Medicine (2016)
  6. "Bupropion Hydrochloride" Profiles of Drug Substances, Excipients and Related Methodology (2016)
  7. "Vortioxetine for depression in adults" Cochrane Database of Systematic Reviews (2017)
  8. "Efficacy and safety of levomilnacipran, vilazodone and vortioxetine compared with other second-generation antidepressants for major depressive disorder in adults: A systematic review and network meta-analysis" Journal of Affective Disorders (2018)