Síndrome de Alport
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El colágeno es una familia de proteínas que, en conjunto, son las más abundantes del organismo y se encuentran en los distintos tejidos conjuntivos.
Cada miembro de la familia se denomina con un número romano, y si muta o está ausente, provoca problemas en los tejidos donde se encuentra ese colágeno en particular.
El síndrome de Alport se produce como resultado de mutaciones en el colágeno de tipo IV, que es especialmente importante en el glomérulo del riñón, el ojo y la cóclea, y por eso los síntomas del síndrome de Alport son específicos de esos tejidos.
El colágeno de tipo IV es una estructura en forma de lámina que se encuentra en todas las membranas basales y sirve para dar soporte a las células y formar una barrera.
Las tres capas de la membrana basal son la lámina lucida, la lámina densa (donde está el colágeno de tipo IV) y la lámina reticular.
En los riñones hay glomérulos, que filtran la sangre y que junto con un túbulo forman una nefrona.
Estos glomérulos tienen una membrana basal, llamada membrana basal glomerular, o MBG, y esa MBG, junto con el endotelio capilar fenestrado, es decir, con poros, y el diafragma de hendidura de los podocitos, forma un filtro selectivo, lo que significa que el agua y algunos otros componentes del plasma pueden escapar del capilar, formando el filtrado que se convertirá en orina; pero los glóbulos rojos y la mayoría de las proteínas permanecen en el capilar glomerular.
En el síndrome de Alport, la función renal es normal durante la primera infancia, pero con el tiempo, el colágeno de tipo IV ausente o no funcional hace que la MBG se vuelva fina y demasiado porosa.
Esto permite que los glóbulos rojos pasen directamente del capilar al filtrado urinario, causando hematuria microscópica, que es cuando los glóbulos rojos se ven en la orina bajo un microscopio; eventualmente, esto podría conducir a la hematuria macroscópica, donde la presencia de glóbulos rojos puede verse a simple vista.
Con el tiempo, una cantidad excesiva de proteínas empieza a atravesar el filtro, lo que da lugar a proteinuria, o presencia de proteínas en la orina.
Finalmente, esta pérdida excesiva de proteínas y otros factores hacen que la MBG sufra una esclerosis.
Como cada vez hay menos glomérulos sanos, una persona con síndrome de Alport puede desarrollar insuficiencia renal o incluso fracaso renal completo, lo que puede provocar también hipertensión renovascular.
En conjunto, la hematuria, la insuficiencia renal y la hipertensión contribuyen a clasificar el síndrome de Alport como una glomerulonefritis.
Otra causa de glomerulonefritis, denominada síndrome de Goodpasture, está causada por autoanticuerpos contra la membrana basal de los glomérulos y los alvéolos.
Por lo tanto, aunque la anomalía de la membrana basal sea de una causa diferente, el resultado es similar en estos dos síndromes.
Otra parte del cuerpo que se ve afectada en el síndrome de Alport es el oído, lo cual puede dar lugar a una pérdida de audición que normalmente no se presenta al nacer, sino que comienza en la infancia o la adolescencia, y cuyo mecanismo preciso no está claro.
Uno de los mecanismos propuestos tiene que ver con la cóclea o la estructura del oído interno, que contiene el órgano de Corti, que tiene un conjunto de células ciliadas realmente pequeño, pero muy especializado, que está unido a una membrana basal.
El colágeno de tipo IV anómalo podría impedir que esas células ciliadas generen señales nerviosas normales en respuesta a las vibraciones sonoras.
Al tratarse de un problema del oído interno, es una pérdida auditiva neurosensorial, a diferencia de los problemas del oído medio y externo, que darían lugar a una pérdida auditiva conductiva.
Algunos pacientes con el síndrome de Alport también presentan hallazgos oculares, que tampoco suelen estar presentes al nacer.
Entre ellos se encuentra el lenticono anterior, en el que la parte central del cristalino empieza a empujar hacia la cámara anterior porque la cápsula anterior del cristalino carece de la integridad necesaria para mantener la forma del cristalino.
También pueden producirse miopía y opacidades del cristalino.
Otras alteraciones oculares del síndrome de Alport son la presencia de manchas blancas o amarillas alrededor de la mácula, que es la parte central de la retina, así como problemas en la córnea, como erosiones recurrentes.